
Para quienes estén poco familiarizados con la Venta Directa, ésta se basa en un principio psicológico fundamental: el vínculo humano. A diferencia de la publicidad masiva, donde la comunicación es unidireccional y proviene de una entidad corporativa “sin rostro”, la Venta Directa ocurre en el terreno de las relaciones personales.
Y sí, las redes sociales pueden funcionar como un medio de comunicación entre las empresas y los consumidores, sin embargo, la Venta Directa va más allá.
Los seres humanos estamos programados para confiar en quienes conocemos. En diversos estudios se ha confirmado que el 84% de los consumidores confía más en las recomendaciones de amigos y familiares que en cualquier otro tipo de publicidad.
En la venta directa: El vendedor suele ser alguien del entorno cercano (vecino, amigo, familiar). La confianza ya preexiste; no tiene que ser construida desde cero por la marca.
Una marca es un concepto; una persona es una experiencia. El vendedor de venta directa puede adaptar su mensaje, escuchar las necesidades específicas y mostrar empatía en tiempo real. El vendedor puede responder dudas, calmar miedos y realizar demostraciones en vivo, algo que un anuncio o un sitio web no pueden hacer con la misma calidez.
Por supuesto, que el vendedor debe conocer su producto y capacitarse constantemente para mantener su conocimiento al día.
Así, en la Venta Directa, el vendedor se convierte en un consultor o experto a los ojos del comprador. Al usar ellos mismos el producto y dar su testimonio personal, dejan de ser “vendedores” para convertirse en “recomendadores”. Esa transparencia sobre los beneficios reales genera una credibilidad que las promesas de marketing a menudo pierden por parecer exageradas.
Cuando alguien nos dedica tiempo, nos ofrece una muestra gratuita o nos da un trato amable, sentimos la inclinación natural de corresponder. La confianza es “relacional” (basada en la interacción) en lugar de solo “funcional” (basada en si el producto sirve). Si el vendedor te trata bien y resuelve tus problemas, tu lealtad será hacia él, incluso si cambias de marca después.
Las marcas hoy luchan por “humanizarse” para no parecer frías y distantes. La venta directa tiene esa ventaja de nacimiento: Es más fácil creer en la palabra de alguien a quien puedes mirar a los ojos y pedirle cuentas, que en una corporación global donde el servicio al cliente puede ser un laberinto de bots y correos automáticos.
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